domingo, 29 de noviembre de 2015

ALGUN DIA

No sé si podré resumir todo mi camino. Es complicado…

Un camino de sentimientos y esperas, de cambios en mí. De coraje y amor por el hijo que no llega.
Los primeros años de casados, dejamos de poner medios que podían evitar el embarazo. Y el tiempo iba pasando y el milagro no llegaba, pero no le daba importancia.

Ya habría tiempo… Disfrutábamos el uno del otro y salíamos tanto como nos apetecía.

Mientras todos se “cargaban” de hijos, a nosotros no nos importaba que no llegaran. y así dejamos pasar 4 años.

La gente empezaba a preguntar…¿Y  vosotros para cuando? Bonita pregunta. Sí Señor. Si alguien sabe la respuesta, que me la de…
Poco a poco, empezó a formarse en mí ese sentimiento, ese que te agarra el alma y ya no te suelta. Que te ahoga cada día un poquito más.

Fuerza Luisi, Fuerza…No pasa nada… Si no es este año, será el que viene.

Eres joven, me decía a mí misma, eres una niña.

Y entonces decidimos ir al médico un buen día y empezar algo que todavía no ha acabado. Nos hicieron pruebas, estudio básico, donde nos calificaban  como infertilidad de origen mixto; anaovulación y útero bicorne para mí y factor masculino severo.

Si os digo la verdad, a mí todo aquello me sonó a chino por aquel entonces (hoy por hoy me ha quedado claro a marchas forzadas). Yo lo traducía todo con “problemillas” que, desde luego, no me iban a robar mi sueño por ser madre.
Empezamos nuestra primera etapa en la SS con la primera estimulación. Empezaron los pinchazos, que muy cariñosamente me ponía mi marido.

Ten cuidado, que fíjate como me estás poniendo el michelín de cardenales, le decía.
Todo era nuevo para nosotros. La sala de espera estaba siempre llena y no de esperanza precisamente.

Chicas que decían que llevaban varias estimulaciones y no se quedaban embarazadas. Que lo veían como un paso más del que no iban a sacar nada.

Veo un matrimonio “mayor” y pienso: Joder, se les pasó el arroz.No sé que buscan ya, que lástima… (y ahora mira por dónde vas tú todavía, jodía).

Llegó el día de la punción y no sabía lo que me esperaba. Las que ya lo sabían me miraban con miedo. Joder…qué me van a hacer?

Me prepararon y me pusieron un pequeña dosis de anestesia local. Y digo pequeña, porque me enteré de todo . Fue lo mismo que si te desprendieran dedo por dedo un dolor punzante que ya no se te olvida en mucho tiempo.

Aguanta Luisi…venga, que ya queda menos. 1-2-7—–21… Ya está! Terminó. Acabé mareada, pero ya está, ya pasó.

Espero no tener que pasar este mal rato de nuevo en mi vida.

JA! Pues no fecundó ninguno!
Explicación de la Biologa: parecian CHICLE. ¿Chicle de qué? ¿de Fresa? En fin…

Me solician cariotipo. Una prueba que si tarda mas, me da un amarillo. Mes y medio para poner que soy“NORMAL”
Vuelta a empezar, cariño, no pasa nada…

Hacemos una nueva estimulación y se cancela por descenso brusco de estradiol.

He de decir que en pleno tratamiento, se mató un familiar muy cercano y muy joven en un accidente y fue muy doloroso. No lo sé con certeza, pero siempre me quedará la duda de que me afectó en la estimulación.

Tras esta estimulación fallida, acabé ingresada con hiperestimulación ovárica.
A partir de ahí mi madre ya empezó a darse cuenta por lo que estábamos pasando y empezó a sufrir por mí. Decía que no quería que siguieran experimentando conmigo. Porque sí. Así era como yo me sentía yendo allí. Como un ratón enjaulado de laboratorio.

Sueño con ese día en el que por fin lo vea conmigo en brazos. Y pienso: ¡A la tercera va la vencida!

Tercera FIV.

Conseguimos dos embriones, uno más bonito que el otro según el ginecólogo. Para mí maravillosos. Eran un pedacito de mí y de él. Con ellos empezó oficialmente mi primera betaespera. Ahora ya sé lo que es, pero por aquel entonces, no.

Estoy recordando y me parece estar  hablando de otra mujer muy diferente a la que hoy soy. Todo te cambia, todo… Lo que no te mata, te hace mas fuerte. O al menos eso dicen, no? Fuerza, eso es lo que necesito.

 Me consideré embarazada desde el minuto uno de la transferencia, que inocente. LLegó el día de la beta y Zas! en toda la cara. Un negativo como una casa.

Que ha pasado? Lloraba…No puede ser! Si yo lo sentía!  Lloraba… desperataba y lloraba.

Y ahí estaba él, mi chico: Venga, ya está, no pasa nada…venga, nos queda otra oportunidad…

 Y fuimos a por ella.

Fue todo como la vez anterior. Dos embriones bonitos para mamá. Ésta va a ser. ¡Tiene que ser! Luisi no falles. Estos los tienes que agarrar como sea. Por Dios que ya nos echan y se acabó.

 Y sí, se acabó porque estos tampoco se quedaron conmigo y ya eran cuatro embrioncitos, cuatro “posibles hijos” formados por mí y por él que no fueron nada y a la vez tanto…

Pero seguí porque mi sueño fue, es y será hacer padre a mi marido.

“El entre tiempo” en donde las infértiles no tenemos nada por hacer. NADA DE NADA, tan solo ESPERAR…

Pasaron los días, semanas, meses… y el milagro no se producía como dijo el ginecólogo cuando nos despidió: No pierdan la fe, los milagros ocurren todos los días.

Durante un año mis ciclos eran regulares y no había lugar para la duda, pero ya después volvieron a ser como siempre. Ciclos largos de 40 a 45 días que se dividían en: esperanza, aguante y angustia.

Intentábamos ahorrar para poder pagarnos un tratamiento en alguna clínica y no había manera. No lo conseguíamos; los problemas se sucedían uno tras otro y empezamos a pensar que nos había “mirado un tuerto”. Amigas me aconsejaron vitaminas de Zinc para sus bichitos y mientras yo buscaba el día de la ovulación, aunque no sirvió de nada, solo para estar más quemados.

Rezaba mes tras mes, lloraba rogándole a mi virgen que me escuchara: Por favor Madre, escúchame… Yo no quiero grandezas solo quiero tener lo que tu tienes. Un hijo… Solo eso.

Hice muchos tests de embarazo buscando esa raya que nunca aparecía. Siempre blanco. Siempre ese maldito blanco. El blanco que te paraliza por segundos y te dice: ¿Que pensabas, Luisi? Y te sientes ridícula un mes más por buscar así un imposible.

Así llegué a los 36. Dios… No puedo mas… tenemos que hacer algo. Siento que muero por dentro y que esto me está destrozando. Necesito mi oportunidad. Necesito que lo intentemos.

¿Como?Pues como sea… No puedo más con esta incertidumbre, no quiero soñar más con mi bebe. No!!!  Yo quiero que exista y que me ame como yo lo amo.

Nos decidimos a financiar una FIV en una clínica privada. Y que saliera el sol por donde fuera. Ya no nos importaba nada. Ya lo pagaríamos como fuera.

Eso fue en diciembre de 2013 y, en enero, nos tocó un pellizquito en la ONCE ¡¡¡Toma!!!

Ya no necesitaríamos financiar nada.

Y pedí cita, mi gran y anhelada cita para el día 13 de febrero de 2014. Mal número me decían…y a mi me parecía precioso, después de tantos años esperándolo.

Una de cal y otra de arena. Así es como describo mi paso por la clínica.

 Nerviosos e ilusionados, comenzamos nuestro viaje a Madrid. Me sentía como una niña pequeña. No dejaba de sonreír a mi marido y preguntarle: ¿A que hora llegamos?

Cuando vi la clínica, me quedé impactada por como era. Por lo que guardaba dentro. Los sueños de tantas y tantas luchadoras como yo.

Ese día, estaba todo el equipo en la consulta, no faltaba ni el apuntador, jajaja. Estaba hasta la psicóloga y al verla pensé: Uy Luisi, relájate que no vea esta lo desesperada que estas, jajaja.

El ginecólogo me hizo una ecografía y me solicitó otra en 3D  para confirmar con certeza si mi útero era septo o bicorne. Si era septo, podría operarme y así ponerme dos embriones, pero si no lo era, y por lo tanto era bicorne, no me podría operar y eso significaría no optar a la transferencia de dos embriones, sino de uno.

En esos momentos, yo me asusté mucho. Por nada del mundo quería someterme a una operación que implicara la espera de un tiempo de recuperación, volver a esperar, no… Estaba demasiado ansiosa para tener que pasar por eso.

Nos mandaron pruebas  para ver como seguíamos después de tantos años y con los resultados supimos que no me iban a operar. Mi útero era bicorne y el tabique era pequeño. Todo lo demás estaba relativamente bien, exceptuando la fragmentación del ADN, que no la pudieron hacer por la poca concentración de espermatozoides.

En ese momento, el ginecólogo nos comentó que nos convendría semen de donante y nos negamos.

Empezamos el ciclo FIV-ICSI del que vitrificaron 11 ovocitos.

Nos aferramos a seguir con los gametos de mi marido y el urólogo le hizo pruebas para buscar el motivo que producía la baja calidad de esperma, pero todas salieron bien y nos dieron la posibilidad de practicarle una biopsia testicular, ya que quizás de ahí podíamos obtener a los campeones.

Nos programaron para la  biopsia testicular y la descongelación de los óvulos para su gran cita, y cuando llegamos a consulta, mi marido pidió por favor una última oportunidad, un último intento y milagrosamente esa muestra si fue apta.

Volvimos a casa muy contentos. Fecundaron dos, igual que la última vez. Dos sueños, dos oportunidades, dos vidas, que tenían una parte mía y otra de él.

Iban a mandar los embriones a blastocito y desde ese mismo momento, estábamos alerta. La ansiedad nos mataba por dentro. Necesitábamos saber que eran fuertes, que serían capaces de llegar al día que se les solicitaba.

Al tercer día recibí la llamada. Siempre dicen lo mismo cuando se trata de malas noticias. Ese:¿Cómo estás? Y tú piensas, ay Dios…noooo…. Se te seca la garganta e intentas entender lo que te dicen, pero no puedes.

Luisa, los embriones van muy lentos a día 3. Los vamos a dejar a ver como evolucionan hasta el día 5 a ver si hubiera suerte…

Yo quería no entender lo que me querían decir y preguntaba una y otra vez: Pero, ¿a que hora es la transferencia?

Luisa, lo siento… vamos a ver si remontan y el miércoles hablamos. Colgó y me quedé con la firme esperanza de que remontarían. Que esto no podía estar pasando…

El miércoles sonó el teléfono: Luisa, Como estás?Ya no sentí nada. Caí sentada en la cama y ahí me quedé paralizada sin escuchar sus palabras. Solo las lágrimas que caían por mi cara y ella seguía explicando y yo solo podía sentir que estaba rota de dolor, rota de cansancio, después de tantos meses esperando aquello, de tantas ilusiones rotas.

Dejamos pasar el mes de agosto, y con el dinero que nos quedaba, quisimos intentarlo nuevamente con el corazón ya sanado y suficientes fuerzas para seguir.

Mientras tanto, un buen día me picó la curiosidad de hacerme cuenta en Twitter y por casualidad encontré a una gran amiga Baby @mipekemilagro y descubrí a mi gran familia, a mis amigas del alma como me gusta a mi decir #infertilpandy. ÁNIMO VALIENTES!!!

No tengo palabras para describir todo lo que siento por todas y cada una de ellas.

Comenzamos ese nuevo ciclo. Y volvíamos a tener dos embriones  .

Llevaron a mis 2 embrioncitos de 3 a 5 días sin problemas, me pusieron uno y el otro lo congelaron.

La transferencia me molestó y estuve con dolores casi toda la betaespera. Además estuve con fiebre los días anteriores a la transferencia y con una infección bucal. Vamos… una pena.

Todas mis niñas de #infertilpandy me animaban pero yo sentía que esa vez tampoco había tenido suerte y así fue.

Nos quedaba el otro embrioncito congelado, pero no podíamos ir a  por él ya que la economía no nos lo permitía y tuvimos que esperar de nuevo unos meses.

Fueron meses desesperantes. Lloraba mucho por no poder actuar. También moría de angustia de pensar que el embrión estaba vivo en ese momento pero que cuando estuviera conmigo, estaría sentenciado a morir o vivir y lloraba más todavía.

Me costó mucho trabajo aguantar y a la vez perder todo el miedo hasta que en mí únicamente quedó un sentimiento conforme se acercaba la fecha de:a por él. AMOR, el gran amor por mi COPITO y las ganas de darnos una oportunidad a mi y a él. Gracias @hanna.

Sí, mi copito, así es como bautizamos Clara y yo a mi congeladito.

Desde el día de la transferencia, fui feliz. Todo fue tan diferente…

Llegó el día de la beta y esa mañana sentía paz. Una paz que no me abandonó hasta unas semanas después.

No pudimos aguantar la espera hasta la tarde que nos daban el resultado, así que hicimos dos test de embarazo. Mi marido uno y yo otro de otra marca por si acaso. Y, ¡MILAGRO!. Salieron las rayitas. Lloramos como niños, nos abrazamos y seguíamos llorando. Lloramos tanto como ahora yo al contároslo (aunque ahora de pena). Es difícil hablar de esto, es todo muy reciente y también me cuesta porque yo soy de las que lo llevan todo por dentro y hacen un muro al dolor para mostrar siempre mi mejor sonrisa.

Con la voz entrecortada conseguí decirle: Niño!!! Que viene!! Que te voy a hacer padre!! Y más llorábamos de alegría.

Fuimos a la ecografía y todo bien, dijo el ginecólogo. Pero que como era pronto tenía que volver en 10 días porque todavía no se veían “cosas”.

Antes de cumplir esos diez días, manché y se encendió una alarma. Fuimos a urgencias y dijeron que el saco que se veía estaba vacío, y que si realmente estaba de 7 semanas, ya no saldría nada. Tenía que volver en unos días.

Desesperados buscamos una segunda opinión y dijeron que estaba de menos de 7 semanas y que tenía que repetir la beta.

Volvimos a los días a otra eco y ya se veía esbozo embrionario y la beta correspondía con lo que se veía a través del ecógrafo. A partir de ahí nos permitimos soñar y hacernos ilusiones. Yo quería un niño pero pensaba que sería una niña (Lucía, mi amor, algún día te traeré conmigo).

Todo el mundo me decía que estaba más guapa y yo les decía, no lo estoy, es simplemente la felicidad que tengo.

Me descargué aplicaciones y le enseñaba fotos a él y decía: ves? Ya es como un garbanzo. Y nos reíamos mucho.

Era todo tan bonito… Nacerá para reyes, los reyes de mi vida y él decía… pues anda que como nos de las uvas…jajaja.

Entonces llegó el día de la eco de las 8 semanas. La ginecóloga se puso muy contenta de verme por fin embarazada. Era la que me seguía aquí mis controles. Me quiso ver por arriba, porque con 8 ya se ven. Pero entonces dijo, desvístete, que debe ser por gases y no veo bien. Y volví a verlo, volví a verlo. No… ahí estaba lo que no estaba. Mi saco vacío.  Se me heló el alma, se me paró la sangre. Ella explicaba y explicaba. Yo lloraba por dentro y lo miraba y pensaba…es que quizás no lo enfoca bien… pero no , se había parado días después de la última eco.

Salimos de consulta y yo seguía muda, helada, inmóvil. Fue llegar a casa y cerrar la puerta tras de mi y sentir un gran YA NO y no pude dejar de llorar en días.

Al día siguiente con todo mi dolor, tuve que ir al hospital para que lo confirmaran y me dieran el tratamiento para expulsarlo, para echarlo de mi vida. Mi COPITO, mi bebé. Siempre te amaré.

Pasaron los días, conseguía llorar menos pero llegaba la noche y volvía a llorar. Se me irá pasando la pena, la gran pena que te queda pero no lo olvidaré. Mi sueño estuvo ahí conmigo y me regaló dos meses maravillosos.

Y aquí se acabó mi viaje a Madrid…por ahora, porque no me conformo con un NO. Sigo buscando el ALGÚN DÍA.

Ahora me toca volver a empezar de cero. Volver a ahorrar para un nuevo intento. Gracias a mi patri @ocigueña por ayudarme y a mi Inés @OvoInesita que también contó parte de mi historia.

Gracias a todas por lo que hacéis por mí #infertilpandy y la asociación Red Nacional de Infértiles 

Y gracias a mi gran amiga @martinapositiva por ese corazón tan grande, esa paciencia, hacerme ver que la vida no es correr. Que hay que ir paso a paso, meta a meta y que hay que sacar todo el dolor para poder continuar.

Algún día nos veremos mientras haré todo lo posible porque así sea.


5 comentarios:

  1. Te abrazo muy fuerte Luisi y ya sabes qué pienso del 2016 ;)

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  2. te lei muchas veces y sigue emocionando y doliendo, ojala que algun dia sea!!!un beso

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  3. ¿¿¿... Y si te achucho hasta dejar de llorar, nos podremos dormir y despertar de esta pesadilla en la que te conocí y que saca lo mejor de mí, deseándote iniciar "EL VIAJE" ya mismo???

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  4. Que camino de espinas Luisi,acabo de encontrar tu historia y pienso será que estas cosas solo les pasan a mujeres valientes o que algunas mujeres sacan toda su valentía ante estas cosas??De una forma u otra eres una luchadora y mereces un final feliz. Beso enorme

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